lunes 13 de julio de 2009

Hágase la Luz

La exposición de Sorolla que se muestra estos meses en El Prado es sencillamente espectacular. Odio la máxima que dice que una imagen vale más que mil palabras pero, en este caso, cada palabra que use para explicar la experiencia de la visita desmerecerá letra a letra cada matiz de la pintura. Luz, eso es todo. Luz fresca, luz apabullante, luz sugerente, luz abrumadora. Lienzos enormes, sobrecogedores, que se caen -literalmente, las salas se hacen demasiado estrechas a veces- sobre tus ojos. Una exposición ideal para los que no tendremos la fortuna de ver la playa este año, porque vuelves del museo con el frescor de la brisa del mar incrustado en la retina.

No sé qué opinarán los expertos, pero para los que no somos grandes entendidos en artes plásticas, nos permite descubrir a un pintor fantástico muy maltratado (yo sólo recordaba haber visto una pintura suya en los manuales: Niños en la playa) en los libros de texto y en las clases de historia del arte.

Vuelvo a la rutina del tajo bajo el bochorno de julio con el tacto de vestidos de seda en las yemas de los dedos, la nariz embriagada de aromas mediterráneos y el desasosiego triste de la incertidumbre de no poder conocer el destino final de la Otra Margarita:




martes 7 de julio de 2009

Los valores de la socialdemocracia

La diña Jackson a lo Kurt Cobain pero con menos sangre, malo, bad, se arma una buena en Los Ángeles con el anillo de Pau, mi tesoro, y regresa de Rusia la sonrisa mulata del Imperio con las fasces escondidas, por si acaso. Y todo a media luz, que es muy brujo el Euribor. Da igual que pise fuerte el siglo XXI y que por donde pase no vuelva a crecer la hierba; no cerraremos Garoña que son muy radiactivas las cifras de desempleo. No levantamos cabeza.

Julio Anguita sufre huérfano su enésimo infarto mientras Berlusconi se lo pasa pipa, válganme todas las polisemias, a Camps le hacen un traje, o dos, o tres y el Papa pide calma y rigor en la finanzas. Pocoyó cotiza en bolsa, tomayá.

Y es tristeza lo que llevamos en la mirada, compañeros; somos conscientes de que no aprovecharemos esta oportunidad como tal: la crisis del capitalismo es, en realidad, una de sus soluciones. Cuando nos saquen de ella no habrá ya resquicios por donde meter la hoz; nos sacarán de dudas.

Pero como la esperanza es verde y el verde es el color de moda (ayer trajeron a la oficina 30 kilos de papel en cajas verdes donde ponía "Eco-Logical" encima de un brote verde, para disimular el engaño), dejemos que la esperanza invada nuestros blogs, que son las flores de libertad que nos quedan. No perderá Ahmadineyad las elecciones por muchos spams que le enviemos ni llevaremos a Zelaya de vuelta a Honduras sobre las alitas de Twitter, pero sabemos manejarnos en este espacio sin las ataduras del qué dirán, libres de todo mal y del influjo nocivo de las etiquetas. El culto al ciberespacio prosigue la huida gnóstica del cuerpo, en palabras de John Gray.

El gnosticismo, recordemos, era un movimiento cristiano. Al igual que ha ocurrido con el capitalismo, ¿no habremos caído otra vez en las trampas del poder establecido? ¿No nos están confinando a un mundo en el que no molestemos? Porque finalmente en las guerras siguen muriendo personas de carne derramando sangre y tripas, los golpes de Estado se dan con fusiles y mis vecinos se están yendo al paro en masa y muchos pasan hambre en sus arrabales correspondientes porque alguien se guardaba el dinero -el real, el verde-, mientras nosotros enredábamos con el ficticio.

Los valores de la socialdemocracia se fraguaron en la calle y, si hoy nos queda alguno que defender que no se llame Cristiano Ronaldo, no será solamente en Facebook donde podremos mantenerlo vivo. El funeral de Michael Jackson será el evento televisivo con más audiencia del siglo porque asistimos al sepelio del pop sin ser conscientes de que estamos enterrando nuestra libertad para ser críticos.

jueves 28 de mayo de 2009

Revisión del Escritor Fracasado

¿Para qué afanarse en estériles luchas, si al final del camino se encuentra como todo premio un sepulcro profundo y una nada infinita? Y yo sé que tengo razón.

"El Escritor Fracasado" Roberto Arlt.

-Ayudaría llamarse Lobo Antunes-, dijo antes de encender su cigarrillo. En la sala se hizo el silencio, reinaba el blanco sobre un viejo damero, no había mucho que perder entre las brasas y alguien había utilizado ya varios atizadores: el silencio es un latigazo que no duele. Cerró el libro sin pillarse los dedos, no había polvo que saliera románticamente desde las páginas, quizá fuera una novela sin adverbios... Para la soledad es suficiente sexo una copa de Jack Daniels
, para los ojos del eunuco literario sobraría con un mal soneto. Allí hicieron ángeles en la nieve, allí hubo sol todo el invierno, allí princesas con cucurucho, ferias con norias oxidadas: un payaso en un sofá desierto.

En aquel lugar gris marengo encontró un viejo trineo.

A los versos de Pavese hubiese sido un héroe, pero tenía demasiado tiempo para pensarlo. Allí habían contado nubes con formas imposibles, allí habían inventado mundos: en uno reinaban cíclopes, en otro ganaba siempre el Atleti.

No pudo escribir ni una línea decente, -ya no soy el mismo -se dijo. Ayudaría llamarse Caballero Bonald, pensó. Se había quedado sin tabaco.

A los postres una amiga le dijo que su literatura era muy densa, que llovía de arriba a abajo, que nunca había ganado el PCE las elecciones, que Werther estaba muerto. Allí pintaron sábanas puntillistas, allí habían conocido el miedo, allí se habían amado.

A las espaldas de la musa escribió "te quiero" para descubrir consternado, hombre estúpido sobre sofá desierto, que todo era un plagio. Allí le entregó todas sus páginas, que poco a poco adulteró el viento.

Ayudaría llamarse...

jueves 14 de mayo de 2009

We do


El fin de semana en Béjar me ha descubierto la ciudad viva que se esconde tras las ruinas de la estación de autobuses, la fábrica textil y el anacrónico cartel de Carbónicas Molina. Hay un Béjar nocturno de perfil alternativo y regusto revolucionario. Siempre nos atraen los contrastes. Salir de ver la zarzuela La Bejarana -en la que me enamoré de su segundo violín-, a la que no le faltaba más que el himno de España para ensalzar más aún valores patrios -aunque con tono folclórico- y pasear luego por la Calle Libertad hacia el blues de la Alquitara o el rock nacional del Artenoise pone en peligro la piel por el vértigo de la caída: Béjar está montada en un cerro.

La Bejarana no había vuelto a ser representada desde 1990. El Cuadro Artístico de Béjar la había llevado hasta Madrid pero muchos de aquellos actores y músicos ya no podían representarla; al resto le pesaba la nostalgia. Gracias al Rotary Club de Béjar, se volvieron a subir a las tablas del Teatro Cervantes a lucir su zarzuela. Seis pases en total, todo vendido.

Lo demás se cuenta con la pena de no haber tenido más tiempo. Nos queda pendiente subir al Castañar y llegar a Candelario, ver el museo, visitar El Casino Obrero, Ateneo Cultural y tomarnos un riberita más en La Lagunilla, mientras un grupo de jóvenes -qué pena no ver ya eso en nuestra tierra- toca perantones y jotas con dulzaina, tamboril, dedales y cacerolas...

Béjar nos recibió a María y a mí con los brazos abiertos ya desde los fines de semana de los ensayos (saludos a Bernabé y a Tito, del Tapenade) y nos regaló momentos de esos que no se olvidan: una Hospedería Real de ensueño y la cálida acogida de Javier y compañía.

¿Pero cómo no me iba a sentir como en casa si en el vino de honor sirvieron Tiriñuelo? Volveremos.

sábado 2 de mayo de 2009

Disidir

Verbo bonito para la perífrasis -ir disidiendo- y para el tropo. Es mágico cuando se aplica a la política; logorreico, traicionero contra las tablas, como un Vitorino. Adjetivado se convierte en traje de Armani o en chupa de cuero, según los bandos abandonados. Se retrotrae como una Beretta en los periodos postelectorales y se alza majestuoso en casi todos los libros de historia. Es un piolet en un cráneo muerto.

No se aviene a los textos de crítica literaria: pocos disiden de sus letras, al contrario, viven en -de- ellas. Por eso triunfó Cortázar y nos sigue hechizando Borges. Por eso nos cansa, a veces, Tolstoi. De aquellos osados nos quedan textos y nostalgias con mate bordadas en recuerdos universitarios. ¿Para qué encontrar a Belano? ¿Para qué seguir en el camino a Pedro Páramo?

Mejor abandonar las convenciones a los grises, Momo dixit. Qué difícil no ser repetitivos: entrar y salir de la locura, como Peter Parker por su casa, arribar a Ítaca, desembarcar en Normandía, pescar una ballena blanca, meter las legiones en Roma, sacar la espada de la piedra, matar a Grendel, reventar en pedazos el Anillo y la Estrella de la Muerte, susurrar volverán las golondrinas a los catorce...

Mejor intentar ser disidentes de todo lo posible, flipados al poder; el siglo XXI será recordado como la Era de los Freaks. Y así escribir relatos de dos palabras en Twitter, enfermar de gripe Española dos siglos después, practicar la piratería en aguas de Somalia, imaginar un Emperador Negro al estilo Nostradamus (ayer tuve un sueño), defender al capitalismo de la hecatombe financiera, decir que no me gusta la última de Almodóvar.

¡Ayer me salió un relato que era calcadito, idéntico palabra por palabra, a Pierre Menard, autor del Quijote! Disido, pues, de ser un enfant terrible de este negocio; paso de anónimos y me dedico en alma a mi ritmo, como un John Coltrane de los futuros pluscuamperfectos.

lunes 27 de abril de 2009

III Premio de Novela Corta Encina de Plata


Mi primera novela fue seleccionada hace aproximadamente un mes, junto con otras 5, como finalista del III Premio de Novela Corta Encina de Plata que se falló el pasado viernes en Navalmoral. Fiel a la palabra dada, había mantenido el secreto, en la medida de lo posible, para que los miembros del jurado no pudieran identificarla conmigo, como dictan las normas del certamen. Ahora ya puedo decirlo y desahogarme agradeciendo, en primer lugar, al comité de lectura su confianza y su trabajo y a los miembros del jurado su criterio y su rigor. Lamentablemente no fui premiado con el galardón, que fue para Emilio Martínez, de Madrid, por su obra La "Human Race".

No obstante, me siento muy honrado por haber pasado a la final y por haber podido compartir, una noche más, la cena literaria con Pilar Galán, Gonzalo Hidalgo Bayal, mis compañeros del Taller Literario de Navalmoral y las distintas personalidades del mundo de la cultura morala que asistieron a la velada. Debo agradecer especialmente a Pilar y a Gonzalo sus consejos para mejorar mi obra y los ánimos de la primera para que no deje de escribir. Creo que todos los alumnos del taller literario debemos dar gracias por tener una coordinadora que prima la motivación sobre muchas otras cosas. Gracias; mientras conserve la pasión, seguiré escribiendo, Pilar, no te preocupes, y mientras conserve la salud, seguiré saliendo de juerga con mis madres literarias. Guardadme sitio para la próxima.

El premio que esta vez no merecí te lo iba a dedicar a ti, María, por los abrazos, el apoyo, las sonrisas, la paciencia y las noches, con sus lunas, y los días, con sus desavenencias, y las bromas, y las broncas y el asesinato, inmisericorde, de mi soledad. Gracias, María, por la pasión. Felicidades por tus 30 grandes, redondos, oscuros y preciosos sin signos de febrilidad. ¿Que treinta años no es nada...?

martes 21 de abril de 2009

Hasta siempre, Don Carlos


Don Carlos es de Córdoba y le gustan los tangos; prefiere a Julio Sosa sobre Goyeneche, recela un tantito de los bonaerenses. En su pasado hay mestizaje político, criolla de las ideologías convulsas de la Argentina de los años 40, pero no en su presente, fijo en el comunismo imprescindible para liberar América Latina. Fue represaliado, encerrado y castigado para siempre con la desaparición de su hermana Lucía. Así se llamaba el restaurante que regentaba en Navalmoral; La Gorda Lucía. Tenía deliciosas carnes a la brasa y empanadas, cenas en ambiente romántico que se remataban con dulce de leche y mate. Fiel a sus principios, se negaba a servir Coca-Cola, no trabajamos esa marca, le decía con dignidad al cliente contrariado; si quiere una Pepsi...

Compartí con Carlos noches frente a una botella de Estola, opiniones políticas, consejos, corazón tanguero y alguna discusión airada -era apasionado en la dialéctica- contra algún filo de sartén del PP. Le echo de menos. Cuando salgo alguna tarde a tomar un vino por Navalmoral, cuando me marco un sábado de cañas largas o cuando busco donde ir a cenar pienso en La Gorda, lo veo cerrado y susurro unos versos de Sur. Ya nunca me verás como me vieras... pero te recordaré siempre, Carlos.

Se volvió a su Córdoba, dijo que abriría una arrocería y yo prometí ir alguna vez a verle... Hará ya dos años. Me regaló como despedida Las venas abiertas de América Latina, de Galeano, y hoy, al leer esta noticia, recordé que le debía un homenaje en mi blog.

Salud y hasta siempre, Don Carlos.

martes 31 de marzo de 2009

Crisis de ideas

Y es que de lo que me apetece hablar, no me dejan,
de lo que puedo, no me apetece,
lo que me sale, me lo guardo para luego,
lo que recuerdo, no merece la pena.

De lo que puedo opinar ya opinan todos,
lo que escribo es mentira,
llueve siempre sobre blanco, negro, sobre mojado, tinta, ríos, [infinitos...
Seco las líneas a frenazos.

Como prefiero verte que tararearte,
ya no describo caderas, ni insuflo mares con versos,
ni empapelo bancos de parque con hojas
de libretas.

Y es que de lo que me apetece hablar, de momento; no me dejan.